Liberando sentires con el cuerpo

 CRÓNICA

Por Abril Beltramone

En el marco del Festival Internacional de Artes Escénicas Cruzar el Río,  se presentó el viernes 5 de noviembre “Ensayo sobre la pérdida”, una obra que toma elementos de danza, teatro y artes performáticas para explorar de un modo incómodamente crudo, aquello en lo que no siempre es cómodo sumergirse del modo en que propone la puesta: la pérdida


En una de las salas del Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC), al ritmo de una versión acústica de la intemporal “Bésame mucho”, comienza la obra en una imagen que resulta tan simple como memorable: la protagonista de espalda al público, con un vestido negro que deja al descubierto su espalda, bailando y disfrutando de la canción, regocijandose en el sonido que desprenden las cuerdas de la guitarra acústica. La protagonista demuestra bienestar y transmite una sensación de paz.

La historia comienza cuando el miedo que rezaba la letra de aquella canción que sonaba se hace realidad: “Bésame mucho, que tengo miedo a perderte”. La protagonista ahora se encuentra cara a cara con la pérdida. Las luces se vuelven más blancas y crudas. 

Van entrando en escena los otros protagonistas. Una de ellas, luego de estar tirada en el suelo expresando desesperación, rompe la cuarta pared y le pregunta al público ¿me ven?. Ella encuentra alivio en la respuesta de un tímido “sí” que le promete visibilización.


No hay escenario, el público observa desde una grada. Disposición que plantea una relación distinta actor-público donde este último se siente más parte. Por esa integración también explora esta propuesta teatral siempre recurriendo a aquello inherente e inescapable en esta vida como el final. 


La obra propone una vía de expresión casi meramente corporal. De este modo, aquella se vuelve también la vía de interpretación por excelencia y la cual llevará a sentir el recorrido que tan visceralmente los actores ponen en escena. ¿Cómo explicarlo? Hay mucho cuerpo en su actuación, o como ellos en algún momento lo llaman en uno de sus pocos diálogos, “carne”. 


Tal y como entraña la pérdida, los protagonistas de la obra atraviesan una amplia variedad de emociones y momentos: se transita el vacío, el enojo, la risa aparentemente insensata, la desesperación, el sexo. La transmisión de estas emociones se hace efectiva por la entrega total de los actores a su oficio, se trata de interpretaciones tan intensas que resultan liberadoras para ellos y para quien los ve. La expresión tan libre de sus sentires es lo que resulta liberador. Todo radica en la corporeidad y muy poco en lo racional. 


Durante toda la obra, cuelga del techo una barra de hielo en el fondo de la sala que va goteando y decantando su pérdida en un espacio contenedor ubicado justo debajo, en el que los protagonistas se bañan y encuentran un poco de calma. El actual contexto post-pandémico dejó claro que nadie puede huir de la pérdida. Es imposible escaparle, tal vez haya que bañarse en ella, ahondarla, afrontarla para sobrellevarla. “Ensayo sobre la pérdida” es la convivencia con la pérdida y aquellas sensaciones que a todos les gustaría esquivar. En fin, es la convivencia con lo humano. 





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