Ensayo sobre la pérdida, una experiencia de lo primitivo

 CRÍTICA

Por Matías Salvatierra

La obra dirigida por Alejandra Valdés le pone el cuerpo al regreso a escena y observa la pérdida con los ojos abiertos, bien de cerca, sin asco



El viernes 05 de noviembre en el Centro de Expresiones Contemporáneas, cerca de las 22:30, se llevó a cabo “Ensayo sobre la pérdida”, una obra que vino a ponerle el cuerpo a la vuelta a los escenarios y las gradas.

Dirigida por Alejandra Valdés, la puesta propone una experiencia en la que lo primitivo es nodal. Cuerpos, goce, exceso y potencia se manifiestan en cada músculo de los actores brindando figuras excéntricas que manifiestan los distintos estados anímicos de los personajes. 

Risas, sexo y enojo son algunos de los estados transitados por los personajes sin perder fuerza y vehemencia.

Además de cuerpos, sin embargo, distintos elementos contribuyen al argumento de la obra: la presencia de un bloque enorme de hielo en el fondo sugiere pensar en la desintegración lenta y minuciosa de la materia, como así también, lo fría que puede ser la pérdida. De todas formas, la trama no deja de estar abierta a interpretaciones diversas que la hace aún más atractiva.

Por momentos, se observan figuras simbióticas de ocho piernas, ocho brazos y cuatro cabezas hasta que una persona cae separada del resto. La pérdida es observada con los ojos abiertos, bien de cerca, sin asco. Con intenciones de provocar, la obra juega constantemente con situaciones del estilo que atraen al espectador.

Esta disputa de sensaciones y sentidos, asimismo, es acompañada por música y sonidos que amplifican la experiencia de tensión. 

“Ensayo sobre la pérdida” es una obra intensa, que agota y termina con cuerpos cansados, consumidos y realizados. Al final de la misma, no queda nada más que el ruido del bloque de hielo derritiéndose.






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