Un festival de Cosquín poco convencional

      “Gauchos Reversibles”, la historia de una pareja histriónica que compite en el Pre Cosquín, se presentó en el CEC, en una noche colmada de risas, empanadas y vino. 

CRÓNICA

Por Camila Correa

Este viernes 5 de noviembre, a las 20 horas, las luces del Centro de Expresiones Artísticas (CEC) estaban tenues y los clásicos del folclore anunciaban lo que vendría: “Gauchos Reversibles'', la historia de una pareja histriónica de artistas poco convencionales que compiten para ser seleccionados en el Pre-Cosquín, participando de manera fraudulenta en la mayoría de los rubros.


De fondo se escuchaba el murmullo de las mesas, conformadas por familias y amigues. En el buffet, unas pocas personas hacían cola para comprar: las empanadas y el vino no podían faltar. Antes, La Negra, profesora de teatro y de canto, había interpretado unas canciones: “No soy de aquí, ni soy de allá”, de Facundo Cabral, se llevó los primeros aplausos. 


En el escenario había una plataforma giratoria: era un toldo pintado al estilo del mítico festival que al girarlo, dejaba ver el camarín de la pareja, con el clásico espejo con luces y una foto de Atahualpa Yupanqui. Cuando empezó a sonar el Himno a Cosquín, una locutora y un locutor abrieron la doceava noche en la Plaza Próspero Molina. 

Empezó el certamen y bajo la categoría “Pareja de baile tradicional'', Roxy, el personaje de Nicolás Terzaghi, salió enojada a la escena, mientras Pancho, interpretado por Vicky Olgado, lo incitaba a que baile. Sonaba La Firmeza, de los Hermanos Ábalos, una danza tan picaresca como los únicos dos protagonistas de la obra. El motivo del enojo de Roxy, era que ella quería romper con las estructuras del folclore clásico y tradicional, había que reestructurar, remasterizar, renacer.  


En esos primeros minutos, empezarían a plasmarse los lineamientos de una trama que desde muchas aristas, cuestiona los roles y géneros del folclore, pero que al mismo tiempo se burla de cómo lo contemporáneo, las llamadas ideas progresistas, se inmiscuyen en lo tradicional. La actriz sostiene: “siempre nos planteamos jugar a la comicidad, por eso también él mide un metro noventa y siete y yo un metro sesenta y cuatro con mucho espíritu.” Apela a eso, “a -entre comillas- cambiar los géneros, a romper con las estructuras de los roles”. 


A partir de allí, en los siguientes rubros de la competencia, los lenguajes de las danzas tradicionales y de la música urbana comenzaron a entremezclarse: una ranchera de rock nacional, un carnavalitón, una zambada, una bacharera. Las pistas remixadas por Emiliano Olgado se entreveran con las risas y el vitoreo del público. Y los personajes siguen haciendo lo imposible para ganar. El vestuario, a cargo de María Emilia Cattáneo, se adecúa a cada estilo y las luces de Héctor Román se acompasan con las pistas.


La función de estos “Gauchos reversibles”, en el marco del Festival Internacional de Artes Escénicas “Cruzar el Río”, culminó entre risas y silbidos de un público que participó contento cada vez que tuvo la oportunidad. Los actores -que no suelen hablar tras la presentación-, agradecieron la iniciativa de las cuatro organizadoras: es que al fin, después de tanto tiempo sin actividad, “la ciudad respira teatro”.

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