Laurita ya ha hecho mucho

CRÓNICA

Por Matías Salvatierra 

      En un día en el que el sol parecía jugar a las escondidas, Laura Copello se encargó de hacer lo propio en con sus juguetes, peluches y libros en 3D que representaban ciudades y escenarios diversos. La actriz, logró ambientar cálidamente cada escena de “Laurita tiene muchas cosas que hacer”.

      Entre mochilas, bolsos y carteras, a primera vista, Laura aparenta ser una señora mayor con ocupaciones algo banales, o tal vez, un poco inocentes que puede tener cualquiera. “Tengo que hacer el homebanking, y después ir a la peluquería”, decía.

      Sin embargo, al mismo tiempo que la obra avanzaba Laura se asemejaba cada vez más a Laurita, una niña hija de una generación que soñó con el fin de la dictadura y que hoy carga con la cicatriz de haber sido.

      Laurita se presenta convocante e interpela a todos los presentes. Entre ciudades y gente, mucha gente, cantaba y gritaba en nombre de la justicia y la verdad: “¡Se va acabar, se va acabar, la dictadura militar!”. Se le pusieron los ojos vidriosos. A mí también. Un recuerdo de mi abuela atravesó mi mente y un escalofrío irrumpió en mí.

       Hoy, Laura vuelve a soñar una vez más y espera de este mundo algo mejor. Se pregunta, duda, y cuestiona si realmente existe otro mundo dentro de este mundo.

      A Laura le duele el tiempo. Tal vez, el tiempo sea aquello que pasa entre una utopía y la realidad efectiva.

      Laura se retira del escenario y al volver le coloca a Laurita, a esa pequeña mujer luchadora, el pañuelo verde.

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