La transformación permanente del tabú en tótem

Déspotas, antihéroes y fracasados

El unipersonal de Leandro Martine con dirección de Mónica Martínez explora en la antropofagia de una sociedad que se come a sus hijos.

CRÍTICA

Por Carolina Espeleta

La propuesta no es sencilla. Prescinde prácticamente de elementos escénicos que pueden dar luz a interpretar, por lo menos al comienzo de la obra, una premisa que plantea sin rodeos ni matices; la antropofagia “como única ley del mundo, expresión enmascarada de todos los individualismos, de todos los colectivismos, de todas las religiones, de todos los tratados de paz” descripta por Oswald de Andrade en Manifiesto Antropófago.

Leandro Martine recupera dicha obra y la adapta a su unipersonal, “La transformación permanente del tabú en tótem”, que se puso en escena este sábado 6 de noviembre en el Galpón 15 en el marco del Festival Internacional de Artes Escénicas “Cruzar el Río” en Rosario.

Mediante la expresión corporal, provisto de una máscara blanca y una especie de traje elegante negro con bombín que remite a Chaplin, el protagonista utiliza el recurso del enmascaramiento para señalar un rostro, conductas y discursos que responden a personajes autoritarios quienes accedieron al máximo poder de distintos Estados del mundo occidental en el Siglo XX mediante el voto popular, y que devinieron en absolutismos en muchos casos con delitos de lesa humanidad como práctica “formal” de sus administraciones gubernamentales.

Provisto de un antiguo reproductor de casetera, cambia la narrativa a un “lado B” de la antropofagia y se deshace de la máscara para narrar con el rostro al descubierto una infancia que describe como dolorosa. Las alusiones verbales paternas y maternas son recordadas por no haber sido amorosas o empáticas para con un niño que baraja la picardía, recién, cuando ciertas herramientas culturales le fueron enseñadas.



La obra oscila por un “yo” público déspota y popular capaz de rayar con el “éxito” en el desarrollo de sus objetivos y un “yo” privado antihéroe cargado de fracasos personales, frustraciones y represiones que adopta posturas físicas grotescas al modo de la transformación de humano a insecto en “La metamorfosis” de F. Kafka.

Independientemente de los recursos que utiliza el texto para recorrer las historias narradas, no es menor el marco histórico que señala. Se trata de una revolución victoriosa para algunos y fallida para muchos otros porque, en definitiva, no ha sabido dar respuestas a sus promesas de libertad, la cual seguirá cautiva y violentada, y de igualdad y fraternidad siguen sin dar señales de vida.

De todas maneras, “La transformación permanente del tabú en tótem” apela al elemento más valioso que posee todavía nuestra especie: el humor y desde allí intenta dejar su intención fundante que es la necesidad de reflexionar.




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