Gauchos de vanguardia
Crítica – “Gauchos reversibles”
Por Lucía Lazzari
“Gauchos reversibles” narra el desopilante camino que una ambiciosa pareja criolla vanguardista recorre en el certamen del Pre Cosquín para consagrarse en el escenario mayor “Atahualpa Yupanqui”
En la primera semana de noviembre, la ciudad de Rosario volvió a respirar teatro en el marco del Festival Internacional de Artes Escénicas “Cruzar el Río”. El viernes 5 de noviembre, en el transcurso del segundo día del festival, tomó lugar en el Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC) la obra “Gauchos reversibles”, protagonizada e ideada por Nicolás Terzaghi y Vicky Olgado.
La obra narra las extravagantes hazañas y desafíos que atravesó la particular pareja criolla vanguardista, compuesta por Pancho y Roxy, que inscriptos de manera fraudulenta, compiten en la mayoría de los rubros del Pre Cosquín, con la finalidad de consagrarse en el escenario mayor “Atahualpa Yupanqui. Se trata de una inteligente comedia, en donde la desmesura de los dos únicos protagonistas, sumada a un ingenioso guión, logra la complicidad del público, que desde el primer minuto se transformó en espectador del certamen.
La ambición por el éxito, la necesidad de ser vanguardia y lo inescrupuloso para lograr sus objetivos son la fórmula para hacer sonreír al público. El humor juega con el cambio de roles, las ambiciones y las presiones que suponen este tipo de certámenes, rozando lo absurdo bajo la necesidad de modernizar las estructuras tradicionales del folclore.
Con una austera pero efectiva escenografía pensada por Maximiliano Arana, compuesta por un dispositivo giratorio que permitía al público acompañar a los artistas del escenario al camarín, pone el marco de las desopilantes peleas y estrategias para conseguir el éxito con la ejecución de puestas en escenas disparatadas.
La mixtura de letras y ritmos compuestas por Emiliano Olgado, que pasa del folklore más tradicional a la bachata, el rap, la cumbia y el reggaetón, acompañada de las desopilantes coreografías ideadas por Yamila Régolo, y el seguimiento de las luces en cada escena, son los ingredientes que terminaron de darle el verdadero sabor a esta obra. Los diálogos fluidos y creativos a la hora de mezclar todos los géneros musicales y las danzas, fijan la presencia y el entretenimiento del espectador en todo momento.
Podría decirse que el concepto de reversibilidad atraviesa a toda la obra, ya que no solo se hace presente en la inversión de los roles, sino que a través del vestuario folklórico vanguardista y las coreografías que van cambiando a través de mixtura de la música, conforman una reversibilidad en todos los aspectos de la obra, logrando de ese modo la gracia y el entretenimiento constante del público.
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