Fausto, o la pasión de las actrices
CRÍTICA – ‘’Fausto, o la pasión según Margarita’’
El primer día de ‘’Cruzar el Río: Festival Internacional de Artes Escénicas’’, jueves 4 de noviembre, se expuso en el Teatro del Príncipe de Asturias ‘’Fausto, o la pasión de Margarita’’, una adaptación del clásico de Goethe.
La puesta, dirigida por Gustavo Guirado, cuenta con pequeños giros que enriquecen la trama y la vuelven apta para el siglo XXI. Se dejan ver pequeños guiños a la actualidad que se convierten en una bocanada de aire fresco entre los climas tensos que se generan a lo largo de la obra.
Como en la primera versión de la pieza, se encuentra el Fausto, en este caso de Edgardo Molinellli, un erudito que se encuentra tocándole la puerta a la muerte. La interpretación de Molinelli se vuelve, por momentos, un tanto abrumadora e incómoda, sin embargo, es esa incomodidad la que genera una tensión constante, y ayuda a mantener despierta la curiosidad del público.
Adolorido, cansado y avejentado, Fausto le pide a Dios que se lo lleve de una vez y por todas. Pero su pedido es escuchado por Mefisto, un demonio andrógino, rechazado por Dios, que hace una propuesta corriente en la cultura popular de muchos pueblos: su alma a cambio de un beneficio, en este caso, el de vivir por veinticuatro años más siendo joven y bello. Paula García Jurado se pone en la piel de este ente amorfo, con una interpretación increíblemente física. De esta manera, García Jurado completa un gran guión a través de una impecable expresión corporal, que le permite a la audiencia comprender a la perfección las aristas que toma el demonio, desde los cambios de forma, hasta las intervenciones que hace en los mismos personajes a través de la posesión de sus cuerpos.
Sin embargo, la pieza original se reinterpreta a partir de la participación e importancia de Margarita, interpretada por Anahí González Gras, quien termina por ser el personaje que toma las riendas del relato. La ‘Gretchen’ que presenta Guirado está interpelada por la enfermedad de una madre y la ausencia de un padre, brindando una actuación que sabe ir desde lo más inocente de la adolescencia hasta lo más aspiracional de la adultez, llevándola así a firmar el contrato que le ofrecía el ser oscuro, Mefisto.
La obra, en su totalidad, está llevada por su reparto, ya que los actores no solo cargan con el peso de sus personajes, sino también con el de las relaciones de los mismos: con su familia, con la vida, con la muerte, y por supuesto, con el público. Una puesta que cumplió con las expectativas de la audiencia en todos los aspectos, ganándose una ovación de pie y dejando a todos con ganas de más teatro, más festivales y más cultura en la ciudad de Rosario.
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