El discurso: El ascenso del caos sanador
Un método para los dolores más profundos de los argentinos
CRÓNICA
Por Carolina Espeleta
El sábado 6 de noviembre en el Galpón 15 de la Costa Central se presentó el unipersonal de Ludmila Bauk con dirección de Felipe Haidar que describe a una Argentina demencial.
La sala estaba casi a oscuras, poco a poco el ruido del público acomodándose fue mermando y Alicia, repentinamente, estaba parada en un costado del escenario leyendo un discurso impactante y mesiánico, dando inicio a “El discurso”: El ascenso del caos sanador” que se vio el sábado 6 de noviembre en el Galpón 15 en el Festival Internacional de Artes Escénicas “Cruzar el río".
Las connotaciones, los significantes y los silencios en la lectura del discurso de la protagonista se fortalecieron por un efecto de luces estratégicamente utilizado, sin pretensiones, sin excesos, pero que logró aumentar la tensión dejando imaginar o adivinar a una persona soberbia y déspota: Alicia, psicóloga y gestora de un método rehabilitador que supuestamente sanaría los dolores más profundos de los argentinos.
Una luz blanca dio paso a otro relato que contaba los detalles de las experiencias de la oscura especialista, los grupos donde había llevado a cabo la metodología terapéutica y los resultados obtenidos.
El escenario siguió mutando junto a imágenes en movimiento que simulaban representar lo que percibían los ojos de uno de los pacientes, quizás de todos o quizás de la misma Alicia. Un camino verde casi salvaje era transitado por una actividad deportiva compartida, pero que también era el punto de encuentro donde desbordaba diálogos, recuerdos y referencias que finalizaban en un sólo hacer, en sólo sentimiento, en un único final colectivo. Llorar, “llorar a mares” cómo describiría Oliverio Girondo.
Sin embargo, este primer paso que cualquier análisis sensato interpretaría como “sanador”, es el principio en la creación de un psicótico procedimiento donde se incita a los sufrientes a gozar haciendo daño a sus semejantes.
“El discurso” es la confluencia de tres relatos distintos que impecablemente interpreta Ludmila Bauk, dirigida por Felipe Haidar y acompañada de un vestuario que magnifica su imagen en complicidad con una infinidad de recursos lumínicos, además de elementos utilizados en distintos planos pensados para transitar y dar vida a los relatos que describen la biografía de la macabra Alicia.
La obra es profunda porque pone en palabras el liderazgo de una persona perversa en un sistema que queda al descubierto. Quedan en evidencia las argucias de las que se vale el poder, los grupos sociales, políticos, económicos que intervienen y el alcance posible del absolutismo que se maquilla de saludable e hiperproductivo para finalmente estar “preparado para agredir y para elegir qué leyes cumplir u omitir”.
Cuando la función terminó fue casi imposible no sentir incomodidad, agobio frente al dolor y la maldad humana. Es una obra que interpela, que cala sentimientos personales y se propone con un final abierto.
Por suerte, para alivio de muchos de los presentes, se renovaron las energías cuando explotó la sala en aplausos espontáneos para agasajar a la artista por la destacada actuación.
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